El
espejo
ha
ocupado, desde
siempre, un
lugar importante
en la mitología
y las
supersticiones
de hombres y
pueblos. El
fenómeno de
reflejar la
imagen se ha
identificado a
menudo con el
alma o espíritu,
de ahí, por
ejemplo,
proviene la
leyenda de que
los vampiros,
cuerpos sin
alma, no se
reflejen
jamás en él. A
veces se
identifican con
la propia
identidad de la
persona, de su
mismo ser y
existencia.
Cuando alguien
estaba a punto
de dejar este
mundo, era común
en muchos
lugares que se
cubrieran los
espejos, por
temor a que el
alma del
moribundo
pudiera
quedar atrapada
en ellos.
Las viejas
tradiciones
judías hablaban
de un
espejo
que Dios otorgó
al rey Salomón
para que se
convirtiera en
el más sabio de
los hombres. El
rey de los
judíos podía
atisbar el
futuro en él, y
así, en efecto,
también el
espejo
se convirtió,
desde muy
pronto, en un
objeto mágico de
adivinación,
consultas y
predicciones, no
hay más que
recordar, a
título de
ejemplo, el
espejo
de la bruja de
Blancanieves o
el
espejo
de los deseos
ocultos de Harry
Potter.
Los adivinos de siglos pasados sumergían en agua un espejo de plata y según la claridad del reflejo que brindaba era señal si una persona tendría larga vida o una existencia corta y penosa.
Sus poderes además trascendieron la barrera de los alquimistas y pasaron a ser parte de las leyendas populares, muchas historias urbanas cuentan de apariciones malignas en los espejos luego de recitar determinadas frases frente a ellos y mostrando algún instrumento en particular. Por ejemplo la leyenda de Verónica, también conocida como Bloody Mary, quien se pare frente al espejo con una tijera abierta en sus manos y recite su nombre 9 veces invocará a su espíritu quien le pedirá que adivine la fecha de su muerte; en caso de fallar, la aparición matará a la persona que la ha invocado en vano.
Los espejos son considerados por la cultura china como un portal hacia una dimensión superior.

